Es bien conocida la idea de que la ciencia es un sistema lógicamente estructurado de conocimientos verdaderos, y que su objetivo o propósito fundamental consiste en descubrir las leyes objetivas de los fenómenos y encontrar la explicación de ellos.
Pero también se sabe que todo conocimiento, por teórico que sea, está en relación directa con todos los aspectos de la vida, en relación directa con las personas. Es irrefutable que este conocimiento que muestra la realidad también condiciona la posibilidad de influir sobre la misma. Por ello se puede afirmar que todo conocimiento científico tiene una relación directa con el hombre.
Es por ello que la actitud frente a la ciencia, por necesidad, constituye una actitud frente al hombre y por ello involucra el aspecto moral.
De ahí que toda actividad científica deba orientarse por el reconocimiento del individuo como valor supremo, pues es precisamente el ser humano, su vida, su bienestar y salud, su cultura, su libertad y progreso, quien le confiere sentido real a la ciencia. [López, 1994]. De no ser así el actuar del hombre de ciencia se convierte en un problema social.
La ética es un instrumento de orientación de los seres humanos, que permite seleccionar los causes que se corresponden con la dignidad humana. Del concepto planteado se deduce que la moral es el eje alrededor del cual se mueve la ética. Cuya función es la de preservar la sociedad, de manera que los actos humanos se desarrollen de forma positiva para esta. Siendo así, se podría argumentar que la moral, es cultura en tanto influye en el comportamiento positivo de las personas.
El debate actual acerca de la relación ética, ciencia y tecnología, parte del supuesto de que la ética está por encima, y es la que tiene que guiar a la ciencia y a la tecnología en su capacidad de servir al desarrollo del hombre.
Se cuestiona el riesgo que representa la utilización de las TI en lo que concierne a la vida privada y la libertad de las personas, ya que mediante ellas se puede tener acceso incontrolado a datos e informaciones de las personas, poniendo en conocimiento de extraños, cuestiones tales como su estado de salud, situación financiera o familiar, opiniones de cualquier tipo y hasta sus hábitos de consumo, reflejados en la computadora del supermercado [Clark, 1999].
Un ejemplo se tiene en el uso de las tarjetas de los clientes de las cadenas de tiendas. El cliente al poseer esta tarjeta obtiene determinados beneficios "gratuitamente", tan solo llenando una planilla con los datos personales e información de la cantidad y edad de los integrantes de su núcleo familiar. Estos datos se registran en una computadora, de esta manera cada vez que la persona compra, la cadena conoce los hábitos de consumo de cada uno de sus clientes, lo cual puede ser manipulado por las tiendas para el ofrecimiento de productos que, de antemano, sabe que serán adquiridos por este consumidor, violando así su privacidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario